¿Habías oído hablar alguna vez de tal cosa? Pues sí, existe una tercera vía económica.
El distributismo es una alternativa al socialismo y el capitalismo ideada, entre otras personas, por Gilbert Keith Chesterton. Chesterton tuvo un idilio en su juventud con el socialismo, hasta darse cuenta de que esta era una ideología reaccionaria. Era una reacción contra el capitalismo, y la reacción equivocada. Con el tiempo, y especialmente fruto de su amistad con Hillaire Belloc, maduró una nueva concepción económica basada en la Doctrina Social de la Iglesia (DSI).

Sabemos que la forma de curar los males de nuestra civilización es llevar a cabo una concepción real de la libertad, restaurar la dignidad del hombre y la independencia de la familia, salvaguardado de forma apropiada por la distribución de la propiedad.

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Decálogo del distributismo (empezando con los primeros cinco puntos de la DSI)

El principio de bien Común

Se entiende por bien Común al conjunto de condiciones de vida social que hacen posible a las personas el logro más pleno y fácil de la propia perfección (GS 26) Una sociedad que quiere estar al servicio del ser humano pone como meta el bien común. Por el se respeta y se promueve integralmente a la persona humana. Es un deber de todos los miembros de una sociedad ya que todos tienen derecho a gozar de las condiciones de vida que resultan de su búsqueda, y principalmente, corresponde al Estado velar por garantizar su pleno desarrollo armonizando los diversos intereses de los grupos y de los individuos.
Subsidiariedad

Es imposible promover la dignidad de la persona si no se cuidan la familia, los grupos, las asociaciones, las realidades territoriales locales, en definitiva, aquellas expresiones agregativas de tipo económico, social, cultural, deportivo, recreativo, profesional, político, a las que las personas dan vida espontáneamente y que hacen posible su efectivo crecimiento social. Es el ámbito de la sociedad civil: el conjunto de las relaciones entre individuos y entre sociedades intermedias.
Las sociedades de orden superior deben ponerse en una actitud de ayuda (« subsidium ») —por tanto de apoyo, promoción, desarrollo— respecto a las menores.

A la subsidiariedad entendida en sentido positivo, como ayuda económica, institucional, legislativa, ofrecida a las entidades sociales más pequeñas, corresponde implicaciones en negativo, que imponen al Estado abstenerse de cuanto restringiría, de hecho, el espacio vital de las células menores y esenciales de la sociedad. Su iniciativa, libertad y responsabilidad, no deben ser suplantadas.

Participación

La participación en la vida pública es fundamental e ineludible para el católico, quien debe saber que ésta no se limita a algún sector particular de la vida social sino que se extiende a todos los ámbitos donde se desarrolla el ser humano.

Dado que la dignidad humana es fuente de todos los derechos, el derecho de regir los pueblos no puede realizarse de espaldas de la gente, ni se le debe usurpar su espacio legítimo de actuación.

Destino universal de los bienes

Primacía de la persona: La propiedad sirve al hombre, no al revés

Al comienzo Dios confió la tierra y sus recursos a la administración común de la humanidad para que tuviera cuidado de ellos, los dominara mediante su trabajo y se beneficiara de sus frutos (cf Gn 1, 26-29). Los bienes de la creación están destinados a todo el género humano. Sin embargo, la tierra está repartida entre los hombres para dar seguridad a su vida, expuesta a la penuria y amenazada por la violencia.

El derecho a la propiedad privada, adquirida o recibida de modo justo, no anula la donación original de la tierra al conjunto de la humanidad. El destino universal de los bienescontinúa siendo primordial, aunque la promoción del bien común exija el respeto de la propiedad privada, de su derecho y de su ejercicio.

Solidaridad

El ser humano no es individuo sino persona, y en tanto persona relacional. Es un ser trascendente también en tanto que su interés no es meramente personal, sino el de la comunidad. La hermandad humana exige una actitud de unión y ayuda entre todos los seres humanos en cualquier sociedad sana.

Localismo

La separación de la economía (oikos, casa) del hogar no es natural y es parte de un proceso de fracturación más grande. El feminismo separa a la mujer de la casa, el capitalismo separa al hombre de la casa, la fábrica separa la manufactura de la casa y la industria de información y entretenimiento separa la originalidad y la creatividad de la casa, lo cual nos hace meros consumidores y no ciudadanos activos.
Hay una especie de aversión al localismo porque la sociedad está demasiado acostumbrada a los “beneficios” de la globalización mal entendida. Los problemas de nuestros días se deben al divorcio de la gente de su tierra y sus derechos, el remedio de esos males depende del entendimiento. Un hombre tan enfermo que no puede curarse sin una operación puede estar tan emocionalmente agitado que no pueda soportar una operación. Su posición es análoga a la de la nación que ha aceptado un modo artificial de vida y no tiene deseos de recuperarse. En un caso los médicos deben tratar los nervios antes de operar. En el otro debe cambiar la cultura antes de mejorar los hábitos.

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Gremialismo

El gremio está entre las instituciones humana más antiguas, más arraigadas y más necesarias. Es una asociación de hombres con un mismo oficio que se dedica al mutuo apoyo. Tiene cuatro características:

Primero: garantiza su propiedad. No la destruye como el comunismo, la hace permanente y se segura que la competencia injusta no lleve a la destrucción del pobre por el rico. No hace que no florezca el trabajador ni favorece la vagancia e ineficacia, pero impone condiciones para la entrada al Gremio que controla la competencia injusta.

Segundo: adquiere del Estado el derecho de tratar los asuntos que son de incumbencia de sus miembros, entre ellos el de restringir la práctica del oficio a los miembros del gremio. La pertenencia al gremio debe estar abierta a todos y depender de una prueba de la capacidad en el oficio del que se trate.

Tercero: un miembro del gremio debe observar ciertos límites en la competencia contra sus compañeros de gremio. Hay cosas que puede hacer y cosas que no. Las reglas de conducta profesional se deben obedecer bajo pena de ser expulsado del gremio y perder el derecho a ejercer su oficio. Estas reglas están pensadas por dos objetos. El buen funcionamiento del oficio y el bien de sus miembros; para que todos, con un mínimo de capacidad y competencia, esté seguro de salir adelante.

Cuarto: el gremio se auto-gobierna dentro de los límites de su carta de naturaleza. Tal carta de naturaleza se la debe a la autoridad del Estado, pero debe ser escrita y ratificada por quienes llevan a cabo el oficio.

Favorecer la pequeña propiedad

Si hay, como hoy en día cuatro gatos con mucha propiedad, algunos con poca y muchos con ninguna, estamos en un sistema injusto además de inestable. Cae uno de los cuatro gatos y todo se va al garete. La propiedad da estabilidad a las personas y todos deben tener suficiente propiedad como para poder ganarse la vida honradamente. Deben ser, al menos, propietarios de sus propias herramientas de trabajo y de su casa.

Un sistema basado en la pequeña propiedad (y las pequeña empresa) es, además de un sistema de distribución más justa, un sistema más estable. Si una persona o un sector tiene serias dificultades, el efecto para los demás es limitado en comparación con la caída de algo que sostiene por si todo el sistema.

El valor del trabajo

El trabajo tiene una dimensión subjetiva más importante que el capital. No debe tratarse, pues, de forma utilitaria, ni establecerse el sueldo, en el caso (que debe ser excepcional) que una persona dependa de un sueldo, únicamente atendiendo a criterios materiales. En la encíclica laborem exercens, Juan Pablo II dice que el problema del trabajo es clave en la cuestión social, y hace hincapié en la primacía del hombre (el trabajador) sobre el instrumento (el capital).
No es teoría política ni económica: es la adecuación a la naturaleza humana

Club

“Nadie que acometa la restauración de la propiedad o distributismo”, decía Belloc, “(…) puede decir ‘aquí está mi propuesta clara y completa’. No lo puedes hacer porque es normal en el hombre, orgánico; no es mecánico, no es teórico. Lo que podemos hacer es avanzar en el camino, propagar la idea, propagar sus resultados (…). [No queremos]la distribución igual de propiedad. Si tienes una sociedad en el que la norma, quizá no la mayoría, pero el número determinante de hombres tienen seguridad en lo que hacen, con su personalidad y su producción asegurados para el futuro, has establecido un estado saludable, has reconstruido la propiedad.”

Texto por Álvaro Gutiérrez Valladares